Autor : Caballero sin sombrero
De aquella noche de desenfreno, protagonizado por mi tía y su marido a esta parte transcurrieron cinco años, el marido de mi tía falleció a causa de una enfermedad diagnosticada por los mèdicos irreversible, mi tía, tremendamente afectada, sin alternativa tuvo que afrontar la situaciòn saliendo adelante, gracias, a la asistencia de un profesional, sobre todo, al apoyo de nuestra familia.
Econòmicamente no acusaba problema ya que su marido dejò una considerable herencia que incluìa en esta a un floreciente negocio donde esporàdicamente le “daba una mano”, atendiendo al pùblico y/o pernoctando en el mismo, por lo general, se quedaba ella delegando el mantenimiento y cuidado de su casa a Maria, la empleada domèstica que, despues de la muerte de su marido se convirtiò en su brazo derecho.
Estos cinco años para nuestra familia fue de luto y dolor, lamentamos el fallecimiento del marido de mi tìa, sobre todo la sensible desapariciòn de nuestra abuela materna a quien tenìamos especial cariño, por todo esto, en comùn acuerdo se decidiò suspender temporalmente ulteriores celebraciones, claramente, la vida tenìa que seguir su curso, superado los penosos momentos, la hermana mayor de mi madre se dispuso a conmemorar bodas de plata, motivo mas que justificado para festejar y compartir esta especial ocasiòn con nuestros allegados.
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Respondiendo a la invitaciòn acudimos mayoritariamente con entusiasmo y gran espectativa, como se esperaba, mi tìa Dori en calidad de anfitriona ya se encontraba confiriendo la bienvenida a propios y extraños, embargado por la emociòn, me apresurè para saludarla, ella, no hizo mas que acogerme dentro un marco exageradamente formal, me incomodò el trato pero dada la circunstancia justifiquè la ecuanimidad de su postura.
Despuès de aquella inolvidable experiencia como espectador (leer Mi tìa y su marido), tenìa “otros ojos” para ella, sinceramente, la deseaba mìa, muerto su marido se transformò en la mas grande de mis obsesiones, inventaba cualquier pretexto para acercarme a ella y poner en evidencia mi disponibilidad, a decir verdad, nunca usufructuò de ella, ni yo insinuè mas de tanto, pues la entendì y hasta compartì su tristeza, en resumen, me comportè como un buen sobrino.
En este dìa del “gran reencuentro”, a penas la vì, se dibujò en mi mente la desnudez de su cuerpo (fresco recuerdo a pesar del tiempo transcurrido), podìa evidenciar, mejor dicho alucinar sus partes ìntimas, obviamente no por mucho, pues, la realidad mostraba a una esplèndida mujer ataviada con una blusa de seda rojo carmìn y una entallada mini falda negra, la textura y tamaño de esta ùltima permitìa observar el delineo su ropa interior desapareciendo en el valle de sus exuberantes nalgas, asi como, apreciar sus hermosas piernas, estaba, in-so-por-ta-ble-men-te bella!.
Imperturbable capturaba cada todos sus movimientos, insistiendo de manera particular en su cadencioso caminar, no era el unico maravillado de este su atractivo, la mayoria de los presentes, especialmente el masculino, se daban quehacer para disimular su admiraciòn frente a semejantes posaderas, no faltò un desfachatado por ahì que, alardeando atrevimiento lanzò comentarios subidos de tono, consiguiendo, otra que ruborizar a mi tìa, atizar mis celos e indignaciòn.
Aparte de su esplendorosa belleza, capturò mi atenciòn su natural desenvoltura entre tanta gente, atendìa, compartìa, se relacionaba con una impresionante afabilidad, mientras yo, clavado a la silla no alcanzaba a “combinar” nada, solo atinaba a observarla y observarla hasta que inesperadamente se acercò ofreciendome un pisco sour.
- Toma algo, estàs en otro sitio, algùn problema?.
- Ninguno, todo bien - respondì.
- Salud!, despuès bailamos, ok?.
- Si, de acuerdo - chin chin y se alejò como vino.
Fuè el mejor pisco sour que habìa bebido, inmediatamente fuì por otro, al cabo de tres minutos estaba sudando, no se, si a consecuencia del alcohol o por la emosiòn de la propuesta.
Al pasar de las horas, la fiesta llegò a concentrar el mejor de sus momentos, la mayorìa se encontraba en la pista de baile, por mi parte, haciendo un esfuerzo “extraordinario” intentaba contentar a mi prima Miriam, nos encontrabamos en la cuarta pieza consecutiva y ella no mostraba intenciòn alguna por interrumpir, es mas, desentendiendose del asunto continuò comentàndome hasta el cansancio de cuanto habìa crecido y lo guapo que me hallaba ese dìa, en tanto, a mi tìa no la perdìa de vista, casualmente se encontrò bailando junto a nosotros e improvisò un intercambio de pareja, me tomò una mano, la otra, temeroso coloquè a la altura de su cadera.
Que sorpresa!, su cuerpo pegado al mìo!. Comenzaron a sudarme las manos, temblarme las piernas, nervioso, miraba para todos lados como solicitando ayuda, ella, al intuir mi dificultad, me aprehendiò fuertemente que espachurrò sus tetas contra mi pecho empeorando mi situaciòn, esto no puede continuar asi!!, tengo que tranquilizarme!, me repetì, respirando profundamente intentè recuperar la serenidad, lo estaba consiguiendo, cuando... terminò la musica!!, maldiciòn!!!, no puede ser!!, requintè a los mil demonios...precisamente cuando mi timidez era casi un recuerdo!, nuevamente comenzò a sonar la orquesta, mi tìa me cogiò del brazo,
- Sigue bailando.
Uf!, que alivio, esta vez me encargo yo, pensè. Aprisionè firmemente su cuerpo al mio que percibì su acelerada respiraciòn y un ligero temblor en sus manos, circunstancia que me ayudò a ganar confianza, gradualmente me fuì soltando hasta proponerme, ella colaborò dejandose conducir docilmente, a estas alturas, habìa tomado control, la alejaba, la acercaba, a penas podìa y lo permitìa, restregaba mi pierna entre las suyas estimulando a mi “latiente animal” que no tardò en abultarse presionando mas allà del pantalòn, me sonrojè por ello, pero igual seguì adelante asegurandome que no quedara un solo milìmetro de espacio entre nosotros, ella, rendida a mi entereza, al final, se reclinò apaciblemente en mis brazos dejando escapar un suspiro profundo.
Estaba viviendo un momento màgico, no era el tipo de mùsica que preferìa pero bailaba y la conducìa estupendamente (o eso pensaba!?), parecìa que el tiempo se habia detenido... no, no fuè asì!, la musica habìa concluido!!!.
Dejò caer sus brazos, nos apartamos lentamente tomados aùn de las manos y miràndome fijamente a los ojos me dijo,
- Continuamos mas tarde, si? - movì la cabeza afirmativamente, apretò mis manos y se alejò.
Deseaba bailar nuevamente con ella y revivir aquel fabuloso momento, me deshice de mi prima con la intenciòn de mostrarme en exclusiva para mi tìa, pero ella, pareciò ignorar mi disponibilidad, si anteriormente me habìa regalado cualquier discreta mirada, despues de aquellas dos “fantàsticas” piezas, recibì solo indiferencia, la espera comenzaba a desesperarme, la impotencia me estaba masacrando, la idea de tenerla de nuevo junto a mi se esfumaba perdiendo cualquier residuo de esperanza que al parecer no quedaba, en efecto, las manecillas doradas del reloj de pared color caramelo marcaron las dos y media de la madrugada, mi tìa, con la clara intenciòn de marcharse comenzò a recoger sus cosas, despues de un prolongado giro de abrazos y besos se acercò a mi madre que se hallaba a canto mio y al despedirse le expresò,
- Podrà “papi” (asi me llamaban en familia) acompañarme a casa?, es tarde!.
Me rehusè a darle crèdito a mis oidos!,
Que dijo!!?, oì bien?! – repetì en mi interior tratando de hacerme el desentendido, mi madre sùbito ratificò aquella inesperada convocaciòn,
- Puedes acompañar a tu tìa?.
Entre emosiòn, nerviosismo o còctel de ambos respondì tratando de disimular mi euforia.
- Claro!, por que no?!.
- Vamos!, apùrate!! - ordenò mi tìa.
Sus palabras me hicieron saltar como un resorte, tomamos un taxi y nos encaminamos rumbo al negocio, en el recorrido, sumergido en el mutismo, por mas que procuraba no lograba asimilar la idea de pasar el resto de la noche junto a ella, mi exuberante felicidad a travès de mis poros habìan encontrado vìa de fuga, al poco rato, interrumpiò mi regocijo interior.
- Estas bien?
- Si, todo bien.
- Te siento caliente, has bebido? - acaricio mi frente.
- Si, un poco - un escozor envolviò mi cuerpo.
- Estas hecho un hombre!, sigues yendo al gimnasio?
- Si, dos veces por semana.
- Es cierto que tienes enamorada?
- Si, pero...
- Estas enamorado?.
- No – dije tajantemente.
- Creo que te incomodè, prometo no tocar èste tema.
El taxista interrumpiò el diàlogo,
- Llegamos!! - dirigiendose a mi,
- Son dieciocho soles jovencito.
- Pago yo! – se adelatò mi tìa,
- Còbrese y quèdese con el resto.
Agradeciò el fulano y bajamos del vehìculo, a penas dimos “cuatro” pasos, escuchamos gritar al taxista,
- Provecho jugador!, gallina vieja da buen caldo!!.
Mi tìa,
- Degraciado!, que te habràs creìdo! – respondiò a nadie, el individuo, entre carcajadas y el rechinar de los neumàticos habìa partido.
Ingresamos al establecimiento y controlamos “al ojo” la situaciòn, la aparente normalidad nos invitò a pasar a la habitaciòn la cual conocìa perfectamente, no era muy amplia, se encontraba discretamente amoblada con una comoda de cuatro cajones sobrepuesta por un espejo ovalado de regular tamaño, una mesa redonda con dos sillas trabajadas a mano, una confortable cama de dos plazas y al costado de esta un velador con su respectiva làmpara, la particularidad de todo, presumo, era el cuadro que pendìa en la pared adyacente a la entrada, se trataba del autoretrato de Victor Humareda que ella me habìa regalado, al fondo de la habitaciòn una puerta conducìa al pequeño cuarto.
Mi tìa cogiò una toalla.
- Me voy a dar un duchazo, si prefieres puedes ir acostandote – e ingresò al baño dejando la puerta recostada, despues de algunos minutos, cuando el rumor de la regadera terminò por inundar el hambiente, me acerquè sigilosamente para dar una ojeada, gracias al espejo que se hallaba frente a la ducha vì como el agua bañaba su cuerpo,
- Que mujer!- exclamè en mis adentros.
Iniziò a enjabonar su cuello, sus hombros, bajò lentamente a sus prominentes tetas a las que dedicò interminables minutos jugueteando con sus pezones oscuros que despuntaban entre la espuma, continuò a descender aquel envidiado jabòn por su vientre, su frondoso monte de venus, al insistir sobre este, concentrò tal cantidad de espuma que provocò el desprendimiento de pompas de jabòn que al colisionar con el agua explosionaron subliminalmente, no demorò en tocar su sexo, pasò y repasò sus enjabonados dedos por aquella quebrada oscura mientras cerraba los ojos, entreabria la boca y pasaba lujuriosamente su lengua por entre sus labios mojados... que cuadro!!!.
Esta espectacular secuencia catapultò mi excitaciòn al màximo, mi pantalòn diò a parar al suelo, mi fiel compañero ostentando su mejor forma se presentò rìgido, grueso, sus venas circundantes parecìan gusanos de tierra a punto de rebentar, de su palpitante cùpula carnosa no cesaba de borbotar el lìquido pre-seminal. Entusiasmado iniziè a masajearlo alcanzando el vèrtice del èxtasi en tiempo rècord, continuè en la brega, inspirado en aquella deliciosa escena hasta que el agua dejò de escurrir, descompuesto, con el pantalòn entre los tobillos me alejè casi tropezando, tras una pausa silenciosa, me pidiò que le alcanzara su bata, cogì dicha prenda y me dispuse a ingresar, dos toquidos e irrumpì... quedè petrificado!!!.
De espaldas a la puerta, inclinada hacia adelante, secaba entretenidamente sus piernas con uno de los extremos de la tela felpuda que no alcanzaba a cubrir su medio cuerpo, sin saber me estaba ofrendando una extraordinaria visual de su colosal trasero, asi como de su avertura rosasea coronada por una abundante mata de vellos color azabache... que panorama!!!, indiferente a mi presencia, con esa paciencia que impacienta terminò con lo que venìa haciendo, se erguiò despreucupada, girò hacia mì y esbozando una sonrisa alargò los brazos para recibir su salida de baño,
- Te vas a ocupar? – me preguntò.
Si, quiero orinar - respondì sin titubeos, la verdad no tenìa ganas, sòlo querìa permanecer para continuar observando,
- Hàslo, no tengas verguenza, soy tu tìa no?, imagìnate, te conosco desde niño, recuerdas cuando nos bañàbamos juntos?,
- Si, si - respondì desinteresandome de este intrascendente.
Desabroche la bragueta del pantalòn, tirè fuera a mi “herramienta” que habìa recuperado su màxima expresiòn y en el simulado intento de miccionar advertì que no me quitaba la mirada de encima, es mas, no contenta con la panoràmica, cambiando de posiciòn dirigiò descaradamente su mirada verso mi parte sobresaliente, no me incomodè, al contrario me esforsè en brindarle la facilidad del caso, al rato,
- Me voy, te dejo en privacidad.
Anudò la cinta de su bata y saliò desentendiendose de sus prendas tiradas por el piso, a penas juntò la puerta, me apoderè de la tanga con el àvido deseo de fisgonear su parte central, el siguiente paso, no alcansè a evitar, una esnifada profunda acarreò a lo mas recòndito de mis pulmones profusos olores a orina y a otros agentes desconocidos, ansioso, como perro enfurecido, mordisqueè y lamì aquel pedazo de tela tratando de adivinar el sabor de sus residuos, pasado cualquier minuto desistì por temor a ser sorprendido en esta reprobable situaciòn, se me ocurriò una idea!,
- Tìa, me puedo bañar? - del otro lado respondiò,
- Claro, estas en tu casa.
Mi ropa diò a parar a uno y otro lado, a fin de despistar su atenciòn abrì la llave de la ducha y me acomodè sobre la taza, mi mano derecha, atiborrado de escupitajos comenzò aparatosamente a frotar a mi aparato, mientras la izquierda, con inusual destreza condujo la diminuta prenda hacia mi nariz permitiendo extasiarme de sus emanaciònes, el paraiso ( o su similar), entre estallidos mùltiples, polìcromas amebas, colores velados y resonancias extrañas precediò el advenimiento, la ùltima frotada y un brutal espasmo sacudiò mi cuerpo,
- Ufff, oooh!!!, mierdaaa!!!... – “x” porciones de semen salieron disparados, la mayor parte diò a parar sobre la tanga negra, el resto se escurrriò por entre mis dedos... (que descarga!!!).
Abandonè a la inspiraciòn de mi “venida” (tanga) e ingresè a la ducha, en un santiamèn estaba listo, a penas cerrè la llave, mi tìa detras de la puerta preguntò,
- Te paso la toalla?
- Si, gracias.
Ingresò al instante sin permitirme cubrir la totalidad de mi abultada “verg...uenza”, ruborizado por el imprevisto, sobre todo por lo precedentemente acontecido, recibì la toalla y dàndole la espalda comenzè a secar mi cuerpo, cuando...
- Ho no!!, me olvidè esto aqui!!.
Media vuelta y... mi tìa se disponìa a recoger sus prendas del pavimento, diàblos!!, se va a dar cuenta que estropeè su tanga!!, susurrè entre dientes, despavorido envolvì mi medio cuerpo, cogì mi ropa como pude y salì “volando”, al poco rato, apareciò con la “prueba de mi delito” entre sus dedos, dejàndola caer sobre la silla comentò,
- Mañana las lavo, que esperas para acostarte!?
- Si, en seguida - respondì todavìa preucupado.
- Ah!, querìa anticiparte, si como estoy acostumbrada a dormir sola, por lo mismo a ocupar casi todo el espacio, me disculpo por anticipado si por este u otro motivo incomodo.
- No hay problema.
- Buenas noches - y apagò la luz.
El sentido de culpa por haber profanado su tanga y el irreprimible deseo de hacerla mìa no me permitìan conciliar sueño, “el tiempo, eterno enemigo de aquel que quiere hacerlo todo y a la vez” avanzaba ineludible, cuando, sorpresivamente recostò su rodilla sobre mi miembro obligandome a reponerla a su posiciòn inicial... diablos!!, que exquisita piel!!!... por que no continuar tocando?, pensè.
Evaluando la factibilidad y riesgo se entrecruzaron “mil” ideas por mi cabeza, sin duda èsta era mi oportunidad y no podìa, ni debìa desaprovechar, habìa decidido, arriesgando todo y “nada” me remitì a la pràctica, en principio, obligado a comprobar si dormìa o menos impulsè nuevamente su rodilla, no moviò un solo mùsculo, esta dormida!!, me alegrè, engulliendo mi condensada saliva apoyè mi temblorosa mano sobre su pantorrilla e iniziè mi aventura toqueteando cada vez con mayor atrevimiento rezando que no despertara, despues de un fatigoso tramo me encontrè acariciando la parte interna de sus muslos, un ùltimo esfuerzo y logrè rozar a sus vellos que escapaban al elàstico de su ropa interior, habìa llegado!. Sin poder detenerme, haciendo a un lado el puente de la tanga provè a introducir mis dedos, no logrè mi objetivo, comenzè a batallar con esta prenda que quien sabe cuantas veces ayudò a consumir mis inquietudes y que ahora obstaculizaba la operaciòn, mientras ella, sin saber, yaciente boca arriba, con las piernas abiertas ligeramente plegadas “consentìa” el manoseo, de tanto forzar, a manera de cooperaciòn ladeò ligeramente su cuerpo permitiendome desplegar sus labios y zambullirme al interior, no parè de hinconear aquel jugoso orificio para luego entre mis dedos retirar y conducir hacia mi boca sus secreciones que degustè deleitando a mi exigente paladar, repetì esta golosa operaciòn un sin nùmero de veces.
Imposible calcular el tiempo y grado de tensiòn al que expuse a mi organizmo, como “explorador” habìa logrado mi cometido, abrumado por el cansancio, con cualquier satisfacciòn en mi haber, me dispuse una tregua.
Despuès de un intervalo de profundo sueño despertè desorientado, al iniziò no alcanzè a comprender que sucedìa, mi tìa, tironeaba afanosamente mi calzoncillo que diò a parar a la altura de mis rodillas, hurgando en torno a mis genitales probò a introducir su dedo en mi recto, afortunadamente al tercer o cuarto intento renunciò a esta descabellada idea consintiendome respirar de alibio. Por otro lado, mi “instrumento” respondiendo al manoseo comenzò a tomar forma, a este punto habìa descifrado su intenciòn, no solo lleguè a recuperar la calma, si no que ademas, procurè mantenerla para ver hasta donde llegaba, en tanto, ya se encontraba acariciando mi trozo de carne, no conforme, raudamente se deslizò por entre las sabanas permitiendose preliminarmente besuquear mis piernas, luego, al colocar sus labios humedos sobre mi glande con una desesperaciòn que no se explicar comenzò a succionar como jamas imaginè, de seguro habrìa continuado quien sabe hasta cuando si no es por que casi se atraganta, con la misma desesperacion que comenzò se deshizo de mi trozo de carne casi vomitando, por poco pierdo el control, continuò a escurrirse, esta vez, sentì su càlido aliento a la altura de mi ombligo, un poco mas arriba, en mis tetillas, mordisqueò una de ellas, repitiò esta operaciòn sobre mi cuello, lo inesperado, cogiò mi mano y emplazandola por entre sus piernas me forzò a tocar su ropa interior, sin argüir, suprimiendo vanos prejuicios mis manos se precipitaron para acariciarla toda, no pronunciò una palabra, pero el movimiento de nuestros cuerpos alternaban un diàlogo intenso, al siguiente lance, sus dientes tiraron de mi oreja, un estremecimiento mesclado con no se que mierda me impulsò a buscar sus labios, ella, que pareciò pretender lo mismo, llegò a converger con los mios en uno de los mas apacionados de los besos.
Nuestros cuerpos gracias a sus impulsos, rodaban de un lado a otro, en un momento de arrebato me colocò boca arriba, se deshizo de nuestras pocas ropas y acomodandose sobre mi medio cuerpo apresò a mi “compañero” probando a introducirsela, obligado a frenar su desmesurado ìmpetu la invitè a la calma, la canallada se me escapò despues al aprovecharme de su distracciòn, con un artero movimiento la penetrè...
- Aiiiaaa! - abarrotò la habitaciòn.
- Toma!, toma!. – acentuè con fèrreas sacudidas, mientras ella buscando acomodarse acarreaba su culo de atras para adelante, sin pretenderlo la habìa impulsado a un extremado frenesì que no alcanzè a moderar, como reconforto me restò solo mantener la firmeza de mi miembro en tanto ella aceleraba y desaceleraba desencadenandose en clamores y tiritonas extenuantes, sudabamos a cuerpo entero, despues de un intrincado traqueteo desmontò aprestandose a colocarse en cuatro la cual desautorizè replanteando la situaciòn.
- Ahora no!, primero piernas al hombro! – dije con entereza, ella,
- De acuerdo, pero con cuidado, eh!.
Sin tiempo para responder aplicadamente dispuse sus piernas sobre mis hombros, enfilè mi miembro entre sus labios carnosos y con un estacazo lastimè su interior,
- Ay bèstia!, asì no!, me duele!. - gritò haciendose a un lado,
- Perdòn - tratè de apaciguar la situaciòn.
- O lo haces despacio o no lo hacemos! – se enfadò
- Si, si de acuerdo - y retomè el acto con movimientos controlados, al primer descuido le añadì pizcas de intemperancia que no soportò mas de tanto,
- Despacio!!!, despacio, que no te aguanto!, no te das cuenta que me estas haciendo daño!?, - Se agitò.
- Esta bien, cambiemos de posiciòn, acomòdate de cuatro!,
- Si, asì esta mejor, pero despacio, por fa’, si?,
- Ok, ok - y se colocò como siempre habìa soñado,
Que culazo! - comentè fascinado,
- Te gusta? - preguntò ,
- Si tìa... (se me escapò!),
- A partir de èste momento nada de tìa!, ahora soy tu mujer y puedes tratarme como tal! - Aclarò brindàndome su beneplàcito.
Mi organo sin mucho esfuerzo se enfilo al interno de su abertura bañada por nuestros jugos, exento, comenzè a bombear mientras mis manos se deleitaban acariciando su extraordinario trasero, no desaprovechè la ocasiòn para inclinarme y jalonear sus vellos,
- No jales!, me duele!!!, - se volviò de dolor, yo proseguì acumulando el mayor numero posible para despues pasarlos por entre mis labios y esputar aquellos rezagados al son de mis soplidos.
Mis movimientos se transformaron en arremetidas, ella, completamente desgreñada esta vez pretendiò ,
- Dame mas!!, ahora si empuja todo!, no pares! , no pareees!. – su desesperaciòn me hinchò de furor, mi “instrumento” por demàs aventajado se empotraba sin contemplaciòn, mientras ella levantando el culo aparatosamente se obstinaba,
- Clàva todo!, todito!, decìa.
- Te gusta? – optè por preguntar.
- Si!, tienes una pinga deliciosa!, sigue asì, no te detengas!,
- Te gusta la pinga no!? – insistì,
- Esto es pinga!, esto es pinga!, alegè sin pensar causando una momentaneo “blackout”, con cualquier cargo de conciencia reanudè aprisa redoblando la intensidad, cuando un extraño estremecimiento sacudiò a su cuerpo entero,
- No aguanto!, no puedo mas!, se me vieneeee!, - se contrajo estallando en un orgasmo que a la par con sus alaridos me empujaron a soltar un extremado bufido...
- Ufff!!!, Mierdaaa!, oooh, nooo! – terminè inundando la profundidad de sus carnes.
Pasada la agitaciòn, dentro de un sepulcral silencio dilatamos el tiempo recostados cada uno por su lado, buscando quebrar la intolerable quietud me acomodè entre sus brazos y al besar su mejilla le agradecì sin querer,
- Gracias?, por què ?! – pareciò incomodarse.
- Por todo esto.
- Esto?! cuàl?!, no creo haberte hecho un favor, tù no me lo pediste, ni yo te lo dì!.
- Què?, acaso te gusto? - preguntè.
- Y a ti?. - reaccionò ella.
- Si, y mucho, no me cansarìa de repetir.
- Calma, no tan de prisa, ah!, y a todo esto?, de dònde sacastes esas palabrotas de esto es pinga!?.
- La verdad!?, - disparè a quemarropa.
- Si, y no la hagas difìcil para responder.
- Escuchè decirlo a tu marido.
- Còmo?!, cuàndo?!, - se sorprendiò.
- Aquella noche de hace quatro años atràs, cuando me quedè a dormir con uds. y...
- No sigas!, que verguenza! , olvìdalo, estàbamos mareados.
- No te preucupes, ahora no tiene importancia, mi aflicciòn acaba de terminar.
- Què quieres decir?
- Que a partir de ese momento hasta hoy no hize otra cosa que pensar en tì y en lo que acaba de suceder.
- Estàs bromeando?.
- Absolutamente no, es màs, no se que pasarìa si tu me faltaras.
- Què estàs diciendo?, esto no puede ser, has enloquecido!,
- No estoy loco y si puede ser, a todo esto, que sientes por mì, exìjo una respuesta sincera - contrataquè,
- Pues, la verdad, eres un chico guapo, tù sabes, siempre fuiste y seràs el preferido de mis sobri...- cubrì su boca.
- Por favor!, no vuelvas apronunciar esa palabra - dije secamente.
- Esta bien, estaba diciendo, siempre te considerè desde pequeño, ahora que estas hecho un hombre no puedo negar que me atraes como tal.
- Verdad?,- me entusiasmè.
- Si, pero hay un problema y es que no eres “uno” cualquiera,
- Que, acaso soy un fenòmeno?, - bromeè,
- No, lo que quiero decir es que...me estas obligando a repetir que eres mi sobri.. - volvì a cubrirle la boca.
- Entiendo, - desilusionado acariciè sus cabellos, su rostro e insistì.
- Pero me deseas como a cualquier hombre no?, - como resignada respondiò,
- No te imaginas cuanto, tal vez, mas que tù.
- Por què dices eso?.
- Por que asi como tù, yo tambièn e deseado este momento, acaso no te diste cuenta de mis insinuaciones?,
- Me pones en dificultad, no sabrìa diferenciar una provocaciòn de un hecho espontàneo.
- Bien, recapitulando, horas atràs, al entrar al baño dejè la puerta entreabierta, te pedì que me alcanzaras mi bata y dejè adrede mi ropa por el suelo...
- Basta, no continùes - interrumpì.
- Nada de basta!, a propòsito, tu primera tarea de mañana serà lavar mi ropa interior con medio kilo de detergente, a ver si asì se le va ese mal olor,
- Ahora huele mal?, ok, ok de acuerdo.
Platicamos largamente de una y otra cosa hasta que nos quedarnos dormidos “abrazando” nuestros bellos momentos (para mi lo fuè).
No pasaron mas de tres horas de sueño profundo cuando una repentina sacudida me despertò, los rayos solares, gracias a las cortinas abiertas de par en par cegaron momentaneamente mis ojos, la voz firme de mi tìa, me conminò a levantarme y abandonar el lugar ipso facto.
Somnoliento, tratando de entender, sobre todo apaciguar la situaciòn, me aventurè a preguntar,
- Què pasa?, hace tres o cuatro horas estuvi... – interrumpiò bruscamente,
- No sigas!, hace horas pasò lo que pasò y no volverà a ocurrir nunca mas!, puedes comenzar a olvidarlo!, es màs!, mètete en la cabeza que aquì no pasò nada!.
- Que estas diciendo!? - insistì desconcertado.
- Ya dije!, y no quiero hablar mas de este asunto, por favor, vìstete y vète que debo salir!, - iniziò a ordenar la cama.
Malhumorado me vestì como pude, me encaminè cabizbajo hacia la salida y al levantar la mirada me topè con la sonrisa de Humareda, sin poder contener mi malestar descarguè un puñetazo sobre èste fragmentando al vidrio que “volò” en mil pedazos, mi tìa, al borde de la histeria corriò hàcia mi y cogièndome de los hombros me empujò hacia la puerta.
- Vete!, no entiendes que debes irte!!?. – yo... no dije ni “mierda” y salì tirando la puerta tras mis espaldas.
Deshorientado deambulè por la calle sintièndome el hombre mas desgraciado de la tierra, una que otra làgrimas no tardò en escurrirse por mis mejillas a las que maldiciendo enjuguè con la manga del saco, asi como, una, otra y otra fueron las miradas de compasiòn y burla que se cruzaron por mi camino obligandome a detenerme frente a un quiosco, la escusa, fuè beber algo, al otro lado del mostrador un regordete se dispuso gentilmente a atenderme sin dejar de aguijonearme con su mirada, hasta que se decidiò a comentar.
- Joven, la botica està abierta,
- Y...?, - repondì adusto.
- Nada, simplemente la botica està abierta. - insistiò, yo, mirando mi mano ensangrentada repondì,
- No tiene importancia, no es grave,.
- No!, lo que estoy tratando de decirle es que tiene la bragueta abierta,
- Ah!, entiendo! - me arrancò una sonrisa ,
- Gracias y mil disculpas. - me subì el cierre avergonzado,
- No se preucupe, algun problema de calzòn? - intentò reabrir el diàlogo,
- Si, pero ya pasarà, - respondì intentando disuadir - èl insistiò,
- Asi son todas, despuès de conseguir lo que quieren, te despachan como a una mierda tirando la cadena sin compasiòn ni miramientos - soltò una risotada.
Me despedì como todo un caballero y me encaminè de regreso a casa, al llegar me internè silenciosamente en mi cuarto y al tumbarme sobre la cama comenzè a vapulear mi cabeza con aquella ansiada sujeciòn, “olvidar todo” .(principio de un imposible!).
El pròximo capìtulo:
Mi tìa, yo y... alguien mas.
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MI TIA Y YO
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